Entre Boqueté y El Volcán, cordillera de Talamanca, provincia de Chiriquí, Panamá, se levanta lo que para muchos propios y extraños, es una cima mítica, el imponente Volcán Barú.  Es llamado también el techo de Panamá porque, desde sus privilegiados 3.474 metros de altura, te deja ver el Mar Caribe de un lado y del otro, el Mar del Sur. Es el volcán más alto del sur de América Central.

Es considerado un Volcán potencialmente activo y según estudios científicos su última erupción tuvo lugar aproximadamente entre hace 400 y 550 años. Se estima que su altura era mayor a 4600 m con la cima cubierta de nieves perpetuas en periodo glacial. La erupción más reciente fue lateral, abriéndose un cráter en la parte suroeste-oeste, derritiéndose la nieve en la cima y teniendo lugar el colapso de la misma, provocando una gran avalancha de fango y lava, lo que hoy día y basada en mi reciente experiencia, hace que el camino posterior al kilómetro 5 se complique un poco más.

A través  de sus exuberantes vistas, la maravillosa belleza de su vegetación, su abundante fauna y las dificultades que en la senda  se encuentran, capaces de dejarte grandes aprendizajes comparables metafóricamente con la vida misma, el Volcán Barú es una aventura muy completa para quienes disfrutamos de actividades que nos retan y  conectan  con nuestra esencia y esa energía divina que proviene de Dios, nuestro creador. 

La primera vez que lo intente subir con mi hijo mayor,  mi objetivo y el de él fueron los mismos, principalmente aprender, conocerlo y disfrutar del camino más que de llegar a la meta.  Así mismo fue, conocí y goce con la observación total de la senda, a pesar de que en esa ocasión no llegamos a la cima.  Está segunda vez también lo hice con mi hijo y con una excelente guía,  las metas compartidas eran mucho más precisas, determinadas y complejas:  Seguir aprendiendo mientras disfrutaba del camino y alcanzar el objetivo de llegar a la cúspide.

La ascensión la hicimos por el camino de Volcán y aunque no tiene una gran dificultad técnica, requiere de cierta condición física y de un guía experimentado que conozca la ruta. Por Boquete, la subida se hace por una pista por la que circulan vehículos 4×4, y las posibilidades de perderse son escasas a diferencia del precioso camino por el Volcán.

¿Lo que aprendí luego de casi 10 km recorridos?

 

  • Compartir experiencias poderosas con tus personas favoritas, no solo te acercan más, sino que descubres lados, tanto tuyos como de la otra persona que nunca antes hubieras imaginado.
  • Que aunque las condiciones climáticas sean variables pueden ser posibilitantes, todo depende de que tanto decida aceptarlas.  Con eso vivo y vivimos constantemente, con cambios y con climas que nos dan entornos más desafiantes que otros.
  • Disfrutar la observación en lo pequeño,  me da la alegría que lo grande difícilmente concede. Aunque a veces esto se convierta en una misión casi imposible, principalmente cuando tu cabeza está en mil cosas y no te deja gozar de las sutilezas que te trae el día a día, vale la pena luchar por volver a nuestro centro  para seguir.
  • Que todos los caminos a los sueños son diferentes, unos pueden estar llenos de magia y luz, otros más llenos de piedras, de sobresaltos, de destiempos, de retos y de factores incontrolables que te ponen en muchas ocasiones con una pésima disposición. Aún así, todo lo que  necesitamos para llegar, está dentro de cada uno.
  • Aunque  algunos retos son más complejos que otros, si nos enfocamos en tratar de ver lo mejor de lo peor y a ser eficientes con los recursos propios, sin esperar nada de los demás, tendremos gran cantidad del terreno ganado.
  • A que disfrutar del camino en el aquí y ahora es esencial, mirar poco a los lados para enfocarte en tu camino, tu ritmo y tus objetivos, apreciando todo lo que sucede en ese sendero, te ayudará a  aliviar el estrés y las ansias de llegar a una cima, aunque esta se vea casi imposible de tocar.
  • A seguir con determinación el objetivo, observando siempre que mis condiciones físicas y emocionales me acompañen, para poder saber cuando debo atinadamente aceptarlas para intervenir, de lo contrario será imposible llegar.

Finalmente siendo las 5:10pm, llegamos a la Cruz, cima del Volcán; donde sientes que las nubes son tu piso; que todo lo que recorriste se pagó con solo tener el regalo de la vida para apreciar las vistas de dos mares que se encuentran desde la cumbre; donde el frío parece no importar;  el ver hacia atrás te sirve para recordar de donde viniste y todo lo que recorriste  para llegar allí te da valor para enfrentar el siguiente desafío, dándote  la inigualable sensación del sí pude ¡Abrazar mi PODER!; donde a pesar de todas las caídas y el cansancio, se cumplió la meta con el componente más valioso… aprecie, disfrute  y aprendí todo lo que permití que  la travesía me regalará.

Sara,

#AbrazatuPoderHoy